viernes, 4 de septiembre de 2009

Entonces les dijo:





"Síganme y yo los haré pescadores de hombres", inmediatamente ellos dejaron las redes y los siguieron. (Mt. 4, 19-20)





Señor: ¿cómo habrá sido tu mirada? ¿cómo el tinte de tu voz?
¿Cuántas promesas de futuros dulzores en el sonido de tus palabras?
¿Cuántos maravillosos cielos dibujados en tus pupilas, aprisionados por tus divinas pestañas?
¿Qué impensable Reino, hecho de oros finísimos y de madreperlas nunca imaginadas, se entreveían en tu sonrisa?
Y a esos hombres rudos, acostumbrados al viento y al mar, se les llenó de música la vida, una música que provenía de los cielos directo a sus almas. Y se fueron contigo como se van los niños detrás de sus ensueños.
Señor ¿qué fuerza tiene tu "Sígueme" que hace que el corazón se estremezca y saliendo de sí mismo, corra sediento al oasis de tu amor?
Cuando pasaste, Amado, junto a mi barquita que iba a la deriva, escuché "Sígueme" y entonces encontré el rumbo y enfilé hacia el seguro puerto de tu Sagrado Corazón.
Aunque tarde mucho en llegar, porque llevo mucho lastre que trato, a veces infructuosamente, de arrojar como a las redes Pedro, sé que he de llegar porque Tú eres mi timonel, mi brújula.
Tú mis estrellas que me guían, Tú el faro de mi noche oscura.
Y entonces, cuando llegue...¡ah, cuando llegue!...sabré de tus dulzores, de los cielos en tus pupilas, de tu Reino de oro y perlas, porque por fin descansaré en tus riberas.


Anawin de Jesús

1 comentario:

  1. bendita seas hermana.....es hermoso leerte y conocer tu alma, esa alma dulce y cristificada que escondes muchas veces tras un gesto duro ...=) beso..tiamus!

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