domingo, 31 de marzo de 2013

jueves, 7 de marzo de 2013

Dame de Beber

Yo también, infeliz Samaritana,
le hallé en el pozo de Jacob un día,
y el agua que con ansias me pedía
muerto de sed, se la negué inhumana.

Aún fue mas ruin mi proceder liviano,
pues yo sin saber lo que me hacía,
rechacé la que Él mismo me ofrecía,
en el hueco amoroso de su mano.

Ni una gota te di, ni yo tampoco
calmar pude, oh Jesús, mi sed interna.


Ah, dame de beber que he sido un loco,
y aunque es mi corazón seca cisterna,
mana el Tuyo un raudal que poco a poco
me da por cinco fuentes vida eterna.

Padre Abraham Gil, S.J.



lunes, 4 de marzo de 2013

Dios

En los días de mi más remota antigüedad, cuando el temblor primero del habla llegó a mis labios, subí a la montaña santa y hablé a Dios, diciéndole:

- Amo, soy tu esclavo. Tu oculta voluntad es mi ley, y te obedeceré por siempre jamás.

Pero Dios no me contestó, y pasó de largo como una potente borrasca.

Y mil años después volví a subir a la montaña santa, y volví a hablar a Dios, diciéndole:
- Creador mío, soy tu criatura. Me hiciste de barro, y te debo todo cuanto soy.

Y Dios no contestó; pasó de largo como mil alas en presuroso vuelo.

Y mil años después volví a escalar la montaña santa, y hablé a Dios nuevamente, diciéndole:
- Padre, soy tu hijo. Tu piedad y tu amor me dieron vida, y mediante el amor y la adoración a ti heredaré tu Reino.

Pero Dios no me contestó, pasó de largo como la niebla que tiene un velo sobre las distantes montañas.

Y mil años después volví a escalar la sagrada montaña, y volví a invocar a Dios, diciéndole:
- ¡Dios mío! mi supremo anhelo y mi plenitud, soy tu ayer y eres mi mañana. Soy tu raíz en la tierra y tú eres mi flor en en cielo; juntos creceremos ante la faz del sol.

Y Dios se inclinó hacia mí, y me susurró al oído dulces palabras. Y como el mar, que abraza al arroyo que corre hasta él, Dios me abrazó.

Y cuando bajé a las planicies y a los valles, vi que Dios también estaba allí.



Khalil Gibrán


martes, 5 de febrero de 2013

Dios siempre me mira

Dios siempre me mira, como me ama sin interrupción, como está viviendo continuamente dentro de mi alma, aun cuando yo esté distraído. ¡Oh Dios mío, que nunca me aleje yo de Ti! Pero sólo desarrollará Dios en mí toda la eficacia amorosísima de su mirada y de su presencia si yo le busco a Él y se la pido con deseo y ansia de amor, si pongo mi vida y mi corazón en encontrar y grabar en mi alma esos amorosos ojos de mi Dios. Quiero no apartar la mirada de mi alma de sus ojos de infinita hermosura.


Dios mío, yo no sé ni puedo grabarte en mí, en lo íntimo mío, como deseo; grabad Vos vuestra bendita y atrayente mirada en mi alma e iluminadme. Tu mirada siempre me ilumine y haga florecer en mí la flor de la santidad, el fruto codiciado de la vida eterna, que es participación de vuestra misma vida y esperanza de la posesión de la dicha perfecta.

Con Dios a solas
P. Valentín de San José, ocd



viernes, 1 de febrero de 2013

Para retomar el camino

UNA BENDICIÓN IRLANDESA
Que siempre haya trabajo para vuestras manos,
que en el monedero siempre suene algún centavo.


Que el sol brille en la ventana sobre el cristal,
que salga un arco iris tras la lluvia torrencial.


Que os acoja siempre una mano amiga,
y que Dios os llene el alma de alegría.
                                                 Anónimo


                                                


domingo, 6 de enero de 2013

La Epifanía del Señor


"... tarde o temprano tenía que aparecerse la estrella a esos `sabios´, para conducirlos a la Verdad."

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, ocd


lunes, 31 de diciembre de 2012

«Ámame más, Señor, para quererte»."

"Ámame más, Señor, para quererte.
Búscame más, para mejor hallarte.
Desasosiégame, por no buscarte.
Desasosiégame, por retenerte.

Pódame más, para más florecerte.
Desnúdame, para no disfrazarte.
Enséñame a acoger, para esperarte.
Mírame en todos, para en todos verte.


¡Por los que no han sabido sospecharte,
por los que tienen miedo de encontrate,
por los que piensan que ya te han perdido,

por todos los que esperas en la muerte,
quiero cantarte, Amor, agradecido,
porque siempre acabamos por vencerte!

Pedro Casaldáliga, Obispo Emérito de Sao Felix de Araguaia, Brasil