miércoles, 12 de diciembre de 2012
sábado, 1 de diciembre de 2012
PREGÓN DEL ADVIENTO EN EL AÑO SANTO DE LA FE
¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
si permanecemos atentos y vigilantes
si, nuestros ojos, miran hacia el cielo
y no solamente se pierden en la tierra
Viene el Señor, vendrá el Señor,
si permanecemos atentos y vigilantes
si, nuestros ojos, miran hacia el cielo
y no solamente se pierden en la tierra
Viene el Señor, vendrá el Señor,
si la alegría anida en nuestro corazón
y, allá donde brota la tristeza,
la combatimos con la fuerza de nuestra esperanza
¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
si le hacemos un lugar en la posada de nuestras almas
si, además de creer en Él,
intentamos conocerle y amarle con todas nuestras fuerzas
¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
si la fe nos sirve para sacudir de nosotros
la angustia y el pesimismo, la desesperanza y la tibieza.
¡NECESITAMOS TANTO, QUE VENGA EL SEÑOR!
Porque creemos en Dios
preparémonos al inmenso amor que nos regala en Belén
Porque creemos en Cristo
abramos las puertas de nuestra existencia
y, por ellas, entre la humildad del que se hace Niño
Porque creemos en el Espíritu
que, el soplo de su presencia,
nos empuje a mantenernos atentos, en pie
y siempre dispuestos a dar razón de nuestra vida cristiana
¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
Para rescatarnos de oscuridades y falsedades
para recuperarnos de nuestras constantes caídas
para dar solidez a nuestra fe
para compartir nuestra débil humanidad
para redimirnos y llamarnos a una vida nueva
¿No lo sientes? ¿No tienes ganas de recibir a Dios?
Viene en persona…a vernos
Se presenta pequeño…para hacernos grandes
Se escucha en silencio…para acallar nuestros ruidos
Nace en la noche…para ver cómo son nuestros días
Llega con amor…para disipar nuestros odios
Trae palabras…para confortarnos y darnos esperanza
¿No lo sientes? ¿No tienes ganas de recibir a Dios?
Sólo te pide…FE!
P. Javier Leoz
y, allá donde brota la tristeza,
la combatimos con la fuerza de nuestra esperanza
¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
si le hacemos un lugar en la posada de nuestras almas
si, además de creer en Él,
intentamos conocerle y amarle con todas nuestras fuerzas
¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
si la fe nos sirve para sacudir de nosotros
la angustia y el pesimismo, la desesperanza y la tibieza.
¡NECESITAMOS TANTO, QUE VENGA EL SEÑOR!
Porque creemos en Dios
preparémonos al inmenso amor que nos regala en Belén
Porque creemos en Cristo
abramos las puertas de nuestra existencia
y, por ellas, entre la humildad del que se hace Niño
Porque creemos en el Espíritu
que, el soplo de su presencia,
nos empuje a mantenernos atentos, en pie
y siempre dispuestos a dar razón de nuestra vida cristiana
¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
Para rescatarnos de oscuridades y falsedades
para recuperarnos de nuestras constantes caídas
para dar solidez a nuestra fe
para compartir nuestra débil humanidad
para redimirnos y llamarnos a una vida nueva
¿No lo sientes? ¿No tienes ganas de recibir a Dios?
Viene en persona…a vernos
Se presenta pequeño…para hacernos grandes
Se escucha en silencio…para acallar nuestros ruidos
Nace en la noche…para ver cómo son nuestros días
Llega con amor…para disipar nuestros odios
Trae palabras…para confortarnos y darnos esperanza
¿No lo sientes? ¿No tienes ganas de recibir a Dios?
Sólo te pide…FE!
P. Javier Leoz
jueves, 8 de noviembre de 2012
7 de Noviembre - Beato Francisco Palau y Quer
MIS RELACIONES
Dios escribió con su propio dedo en las tablas de mi corazón esta ley: Amarás con todas tus fuerzas... (Dt. 6,5; Mt. 22,37). Y esta voz eficaz creó en él una pasión inmensa, la que se hizo sentir desde mi infancia y se desarrolló en mi juventud. Yo, joven, amaba con todas mis fuerzas, porque la ley de la naturaleza me impulsaba con ímpetu irresistible. ¿Qué amaba yo? ¿Quien era la cosa amada? Si tu amada es una deidad y la has visto en el claustro, vete enhorabuena al claustro y cásate con ella. Separado del mundo, retirado en el convento, pregunté por la cosa amada, la busqué. Y ¡quién tal cosa pensara! ¿La buscaba en las austeridades de la vida religiosa, en el ayuno, en el silencio, en la pobreza; la busqué y la encontré...!
¡Vi a mi amada y me uní con ella en fe, en esperanza y amor! Su presencia satisfizo mi pasión y con ella yo era feliz, su belleza me bastaba. Dios y el prójimo, o sea, la Iglesia Católica se me apareció tan bella como una divinidad. Iba cubierta bajo el velo del misterio y sólo se dejaba mirar entre las obscuridades de la noche, pero no eran tan espesas que no se distinguieran las infinitas perfecciones que la embellecían y que la presentaban infinitamente amable. Con ella encontré mi dicha y felicidad; yo era feliz. Era yo joven de veintitrés años. Vino la revolución de 1835; encendió mi claustro, y eran tan vivos mis deseos de ver a mi Amada sin velos y cara a cara, que no cuidé salir de entre las llamas. Vino mi Amada, me tendió su mano y salí ileso de debajo de las ruinas de mi convento. Derruido mi convento, incendiado mi claustro, mi Amada tomó las alas de un águila; voló, elevóse sobre el mundo y cuanto en siglo posee, y fue a reposar en desiertos y sitios solitarios. Yo la seguí...
lunes, 22 de octubre de 2012
jueves, 18 de octubre de 2012
martes, 9 de octubre de 2012
MI CIELO
"Mi cielo es atraer sobre las almas,
sobre mi Madre la Iglesia y mis hermanos,
las gracias que Jesús y sus divinas llamas que abrazan
y que alegran del hombre el corazón.
Todo puedo obtenerlo cuando allá, en los secreto,
a mi divino Rey le hablo,
corazón a corazón.
Esta íntima oración cerquita del Santuario
¡es mi cielo para mi."
Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz
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