Cuando el Eterno te talle y sientas dolor, no temas, alégrate de ser un diamante porque Él no talla vidrio, sólo talla piedra preciosa como TÚ.
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sábado, 29 de octubre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
INVITACIÓN
La Palabra de Dios invita al conocimiento
y a la amistad con Él, a la intimidad del banquete.
y a la amistad con Él, a la intimidad del banquete.
En definitiva, invita a “entrar en el Reino”, es decir,
creer sólo en “Abbá”, comportarse como hijo,
creer sólo en “Abbá”, comportarse como hijo,
pensar en “nosotros” más que en “yo”.
La invitación es al Evangelio, a vivir en el Reino,
no en las tinieblas, no en el juicio, no en el temor,
no en el Sinaí, sino en el Monte de las Bienaventuranzas.
José Enrique Galarreta
martes, 6 de julio de 2010
SI ALGUNO ME AMA ...
SI ALGUNO ME AMA... guardará mi palabra y mi padre le amará y vendremos a él y en él haremos morada. (Jn 14,23)
Son estas palabras de Jesús, una invitación a la interioridad, una invitación a entrar dentro de la casa.
El hombre es una casa, pero es una casa que no está deshabitada, es una casa que está habitada.
Los cristianos confesamos esto muchas veces, cuando llega la hora de la comunión, confesamos diciendo que somos casa y le decimos a Dios que no somos dignos de que entre en nuestra casa.
Ten en cuenta esto, tú eres una casa, pero una casa que está habitada, una casa que está llena de vida, una casa que está inundada de una presencia. No se sabe porqué y el caso es que cuando una casa está deshabitada es una casa que... pronto se deteriora, pronto se derrumba.
Está bien en advertir que somos una casa y una casa habitada.
El silencio es para entrar dentro de esta casa, el silencio es para tomar conciencia de esta casa, uno puede estar eternamente asomado a la ventana sin enterarse de lo que hay en la casa, uno puede estar eternamente en el exterior sin darse cuenta de que en su corazón, en las capas más profundas de su ser existe una vida y existe una presencia.
Una de las primeras revelaciones del silencio, es el advertir que uno no está sólo, es el darse cuenta de que está lleno de otro, es el darse cuenta de que en nosotros existe otro, de que en nosotros está Él, de que en nosotros está Dios, en definitiva.
lunes, 17 de mayo de 2010
EN BUSQUEDA DE DIOS
Si al presente existe algo, siempre tuvo que existir algo. Porque, si en algún tiempo remoto no existió nada, absolutamente nada, no hubiera sido posible que surgiera cosa alguna. La nada, en efecto, nada puede producir.
Ahora bien: ¿Qué es ese "algo" o "Alguien" que siempre existió y que es la explicación primera de todas las cosas existentes?
La respuesta que da el cristianismo y, con él, muchas religiones es esta: un Dios personal y eterno creó el mundo y todo cuanto existe.
Reflexionando llegamos a la constatación de que el mundo es posible y explicable únicamente si existe Dios.
Sólo si un Espíritu inteligente y poderoso puede proyectar y realizar objetivos y sentido.
La creación es el libro abierto que nos habla de su Creador. El hombre es la coronación del universo. Por eso encontramos a Dios de una manera muy especial en nuestro propio interior.
Hay momentos en la vida en que nos sentimos felices, pero... ¿cuánto tiempo duran esos momentos?
Justamente en los momentos "felices" sufrimos por el hecho de que son pasajeros. Así, hasta en las horas de dicha no nos sentimos plenamente contentos. Nuestro corazón quiere amar eternamente, busca felicidad sin gota alguna de amargura.
Más ¡este mundo limitado no puede satisfacer nuestro deseo infinito!, pero el sólo hecho de que tenemos el deseo hacia lo infinito ¿no indica quizás que es posible también su satisfacción plena?
Lo que en todos los aspectos es infinito y perfecto lo llamamos DIOS; por lo tanto a Él lo buscamos en todos nuestros deseos, esperanzas y anhelos.
Aparte de nuestro deseo de amor y felicidad sin límites habita en nosotros también el deseo de ser buenos.
Aún cuando nadie vea el mal que hago, mi conciencia me exhorta, me acusa, me turba, pero sobre todo me anima y empuja a hacer lo bueno y lo recto.
Detrás de la llamada de la conciencia moral está Alguien, que no aprueba pretexto alguno. Entonces, en nuestro anhelo de ser buenos, vislumbramos al Bien infinito y al infinitamente Bueno: a DIOS !
Anawin
domingo, 11 de abril de 2010
A DIOS LE GUSTA SORPRENDER
A nuestro Dios le encantan los disfraces.
Se disfraza de aliento, de soplo, de brisa suave o viento huracanado.
De zarza ardiendo o nube opaca o luminosa.
De pan, de vino.
De humano.¡Dios es todo un furtivo!
Lo suyo es sorprender.
No hacer nada como si estuviera previsto,
venir cuando no se le espera,
aparecer donde aparentemente
nada tiene que hacer,
utilizar unas ropas que no le conocíamos,
deslizarse entre las páginas de una agenda apretada en la que parece
que no hay sitio para nadie,
dejarse oír en esa llamada de teléfono enervante,
sonreír al trasluz de esos ojos tan tristes,
pedir ayuda...
¡Ya lo creo que a Dios le gusta sorprender!
Al fin, el amor no es sino la capacidad cotidiana de dar sorpresas:
Cuando no hay sorpresas,
el amor corre grave peligro de apagarse.
Al Señor le encanta sorprendernos.
No para cazarnos,
sino para reavivar nuestra fe vacilante,
para despertar nuestra esperanza,
para disfrutar de nuestro asombro.
No lo olvides:
a Dios le encanta sorprender.
Si te pones a su alcance.
Si te dejas sorprender.
Si, de hecho, ya andas sorprendido por las mil y una sorpresas
que te asaltan en tu vivir cotidiano...
Seguro: ¡Dios está cerca!
Tomado de "Dios es mi prioridad"
Se disfraza de aliento, de soplo, de brisa suave o viento huracanado.
De zarza ardiendo o nube opaca o luminosa.
De pan, de vino.
De humano.¡Dios es todo un furtivo!
Lo suyo es sorprender.
No hacer nada como si estuviera previsto,
venir cuando no se le espera,
aparecer donde aparentemente
nada tiene que hacer,
utilizar unas ropas que no le conocíamos,
deslizarse entre las páginas de una agenda apretada en la que parece
que no hay sitio para nadie,
dejarse oír en esa llamada de teléfono enervante,
sonreír al trasluz de esos ojos tan tristes,
pedir ayuda...
¡Ya lo creo que a Dios le gusta sorprender!
Al fin, el amor no es sino la capacidad cotidiana de dar sorpresas:
Cuando no hay sorpresas,
el amor corre grave peligro de apagarse.
Al Señor le encanta sorprendernos.
No para cazarnos,
sino para reavivar nuestra fe vacilante,
para despertar nuestra esperanza,
para disfrutar de nuestro asombro.
No lo olvides:
a Dios le encanta sorprender.
Si te pones a su alcance.
Si te dejas sorprender.
Si, de hecho, ya andas sorprendido por las mil y una sorpresas
que te asaltan en tu vivir cotidiano...
Seguro: ¡Dios está cerca!
Tomado de "Dios es mi prioridad"
lunes, 16 de noviembre de 2009
Para vivir
No tendrás ocasión de gestos singulares y radiantes.
La vida es un latido sencillo, inaparente.
Así hemos de tejerla, con pulsación amable, con ritmo sosegado, con aliento cordial, respiración pausada y sin ambición ni pretensiones vanas.
José Luis Gago OP
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