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sábado, 24 de marzo de 2012


Es la hora. Ha llegado la hora del encuentro, de la entrega, de la decisión, de la escucha, del servicio, de la alabanza, de la glorificación.
Éste es el tiempo oportuno, el día de la salvación, tiempo de esperanza.
Se trata de vivir toda la vida, cada momento, siguiendo a Jesús y recorriendo su camino.

Florentino Ulibarri


viernes, 4 de noviembre de 2011

Lo decisivo es el amor.
Jesús establece una estrecha conexión entre el amor a Dios y al prójimo. Son inseparables.
No es posible amar a Dios y desentenderse del hermano.
Para buscar la voluntad de Dios, lo decisivo no es leer leyes escritas,
sino descubrir las exigencias del amor en la vida de la gente.
No existe un ámbito sagrado en el que nos podamos ver a solas con Dios;
no es posible adorar a Dios en el templo y vivir olvidado de los que sufren;
el amor de Dios que excluye al prójimo se convierte en mentira.
Lo que va contra el amor, va contra Dios.
José Antonio Pagola.
Jesús:aproximación histórica

martes, 25 de octubre de 2011

MI REFLEXIÓN SOBRE LA PALABRA DE HOY - Martes 25 de Octubre

*Jesús dijo:
«¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas».
Dijo también: «¿Con qué podré comparar el Reino de Dios? Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa». Lucas 13, 18-21


Señor mío y Dios mío: Tú la Divina Semilla plantada el Purísimo Huerto Cerrado, donde todos nos amparamos, y yo suplicante te pido: concédeme gracias y dones para ser buena levadura entre mis hermanos, justamente levadura que mezclada desaparece de la vista de la mujer que amasa, así quiero ser. Solo Tú, mi Señor, sólo Tú...



MariCris

viernes, 21 de octubre de 2011

INVITACIÓN

La Palabra de Dios invita al conocimiento
y a la amistad con Él, a la intimidad del banquete.
En definitiva, invita a “entrar en el Reino”, es decir,
creer sólo en “Abbá”, comportarse como hijo,
pensar en “nosotros” más           que en “yo”.
La invitación es al Evangelio, a vivir en el Reino,
no en las tinieblas, no en el juicio, no en el temor,
no en el Sinaí, sino en el Monte de las Bienaventuranzas.

José Enrique Galarreta

domingo, 21 de agosto de 2011




El Comercio de Lima publicaba el 7 de noviembre del 2010 unos cuentos de Paulo Coelho sobre cómo sentir la presencia de Dios, me encantó el final de uno de ellos. La respuesta que le daba Abu Yazid al Bastrami: “Entonces necesitas ser amado por los demás. ¿Por qué? Porque Dios mira el corazón de todos los hombres. Cuando visite el tuyo, ciertamente verá tu amor por él y se alegrará. Sin embargo, si por casualidad encuentra en el corazón de otras personas tu nombre escrito con cariño, ten por seguro que pondrá mucha más atención en ti.”

Dios nos ama a todos personalmente, pero Dios siente especial cariño cuando nos encuentra en el corazón de los demás. ¡Pensar que Dios se siente feliz conmigo cuando me encuentra en tu propio corazón y que Dios se alegra cuando a ti te encuentra querido y amado en mi corazón!

Me hace ilusión que Dios me ame personalmente, pero me da gusto saber que Dios puede amarme en tu corazón. Más ilusión me hace saber que mi corazón puede ser el lugar y el espacio donde Dios ame a los demás. Por eso es tan importante el amor de los unos para con los otros. Ese amor se convierte en lugar donde Dios nos ama a todos.

Dios ama con especial cariño a tu esposa cuando la encuentra amada y querida en tu corazón de esposo, y ama a tu esposo cuando lo encuentra amado con ternura en tu corazón de esposa. Así los dos fusionados en un mismo amor humano y divino. ¿Será por eso que el matrimonio ha sido siempre en la historia de la revelación uno de los lugares preferidos de Dios para expresar su amor a los hombres?
Dios os ama en el corazón de los hijos y ama a los hijos en el corazón de los padres. Ama al sacerdote en el corazón de los fieles y a los fieles en el corazón del sacerdote. Toda una sinfonía de amor.


P.CLEMENTE SOBRADO

lunes, 21 de febrero de 2011

BIENAVENTURADOS


Es el primer mandamiento de Dios, “aprende a ser bueno y feliz”. Tal vez es el único mandamiento de Dios. Y si me tuviera que quedar con una única palabra del Evangelio, dejando todas las demás, me quedaría con esta: BIENAVENTURADOS. Con esta palabra inauguró y en esta palabra resumió Jesús, todo su mensaje. Un día, le ardía dentro la llama de los profetas, de todos los profetas y decidido, subió al monte, como Moisés en otro tiempo, pero no cargado con dos pesadas losas de piedra para grabar allí diez mandamientos, sino cargado con el aire del Espíritu, empujado por el aire alegre y transformador del Espíritu y proclamó a los cuatro vientos ocho alegres edictos: “dichosos, dichosas vosotras”.

José Arregi

lunes, 13 de septiembre de 2010

POR ENCIMA DE LO NUESTRO

Tú eres el Dios sobre el que todos opinamos,
el Dios que todos buscamos,
el Dios que todos abandonamos,
el Dios con el que todos luchamos.
Pero, a la vez, Tú eres el Dios que nos recreas,
que nos encuentras aunque no te busquemos,
que permaneces fiel cuando te dejamos,
que nos vences y convences.
Tú eres el Dios del que todos hablamos,
el Dios al que todos usamos,
el Dios que todos desfiguramos,
el Dios al que todos intentamos comprar.
Pero, a la vez, Tú eres el Dios que nos habla con amor,
que nos respeta y cuida con pasión,
que nos da identidad y rostro,
que se muestra insobornable en su gratuidad.
Tú eres el Dios que cree en nosotros,
el Dios que espera en nosotros,
el Dios que ama en nosotros,
por encima de nuestros gestos, hechos y palabras.
                                                                                                    F.Ulibarri 

viernes, 6 de agosto de 2010

REZAR COMO LOS NIÑOS

Cuando era muy, muy pequeña mi mamá rezaba una oración conmigo hasta que me la aprendí. Durante años la repetí en mi cama antes de dormir. Decía así:



“Jesusito de mi vida, eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Tómalo, tómalo, tuyo es y mío no.”


Los de mi generación seguro que la recuerdan... También la hemos enseñado a nuestros hijos... antes de pasar al “Padrenuestro”.

La oracioncita formaba parte del ritual del sueño. Era algo que ponía el punto final al día. Seguida del beso de mamá, era como un guiño diario a una presencia que imperceptiblemente iba calando en nuestra alma. Llegó a ser algo automatizado, los labios la pronunciaban aún cuando el cerebro estaba ya apunto de desenchufarse para entrar en el descanso nocturno. Y fueron pasando los años.
Desde luego, más tarde, aprendí más oraciones, incluso aprendí a prescindir de ellas para rezar...


Pero el otro día me vino a la cabeza, así de pronto, y después de sonreírme un ratito, decidí recuperarla pero actualizando en mi vida su sentido. El ejercicio me resultó bastante provechoso e iluminador. Llegué a pensar además, que en el fondo era una oración con un contenido potencialmente cristológico muy potente. Como si fuera digna para una tesis de un sabio teólogo. Así que me dispongo a comprar con vosotros alternativas oracionales por si me acompañáis.


Jesusito de mi vida. Claro, no podía ser de otra manera. Desde que Jesús llamaba a Dios Abba (Papá, Papaíto, Aita) ¿cómo no le vamos a decir Jesusito?

Eres niño como yo. Lo siento pero, aunque en formato lingüístico infantil, no sé vosotros..., esta expresión para mí es una fórmula bastante acertada de lo que significa la encarnación de Dios.


Eres niño como yo. Sabes entender perfectamente mis limitaciones, mis dudas, mis sueños, mis proyectos... Sabes que a veces tengo miedo, que necesito ayuda, que me gusta que me quieran, que estén conmigo mis amigos, que me asusta el dolor, que no quiero morir...


Eres niño como yo, porque sabes que soy débil, que me equivoco, que quiero divertirme, que me chifla reír, que tengo mucho que aprender y que trabajar, que las cosas que valen la pena hay que pelearlas, que me encanta el mar, y la montañas... que desearía volar...


Eres niño como yo, porque a ti también te gusta descubrir cosas nuevas, lugares distintos, gentes diferentes, una buena cena con quien más quieres..., un baile lento o una samba bien animada..., ir de boda, ver atardeceres rojos fuego, contar las mil y una estrellas... quedarse charlando, bien juntitos, hasta el amanecer...


Eres niño como yo, porque a menudo tienes muchas preguntas para hacer, deseas conocer personas e historias fabulosas, te gustaría que los hermanos mayores se alegraran como tú cuando el Padre hace una fiesta…¡¡con ternero cebado y todo!!


Eres niño como yo... porque has llorado al caerte y tus manos han sangrado, porque has buscado la mirada de mamá para poder levantarte y continuar adelante... para seguir respirando un poco más...


Por eso te quiero tanto. ¡Tanto! Porque tú me has amado primero. Porque sin ti, de verdad que mi vida está como apagada. Porque no dejas que pierda un solo pelo de la cabeza sin que tú lo sepas. Porque saber que estás conmigo me empuja a salir una y otra vez a la intemperie, sobre todo de mí misma, porque me ayudas a cargar conmigo, porque haces que quiera ser mejor persona…


Y te doy mi corazón. Porqué sólo tú mantienes el ritmo de su latido. Porque también el tuyo se acelera cuando lo hace el mío.


Tuyo es, tuyo es y mío no.


A mis años, creo que aún puedo rezar cada noche con esta oración.


Buenas noches.

Tomado "prestado" de Ale Rodríguez

domingo, 11 de abril de 2010

A DIOS LE GUSTA SORPRENDER

A nuestro Dios le encantan los disfraces.
Se disfraza de aliento, de soplo, de brisa suave o viento huracanado.
De zarza ardiendo o nube opaca o luminosa.
De pan, de vino.
De humano.¡Dios es todo un furtivo!


Lo suyo es sorprender.
No hacer nada como si estuviera previsto,
venir cuando no se le espera,
aparecer donde aparentemente
nada tiene que hacer,
utilizar unas ropas que no le conocíamos,
deslizarse entre las páginas de una agenda apretada en la que parece
que no hay sitio para nadie,
dejarse oír en esa llamada de teléfono enervante,
sonreír al trasluz de esos ojos tan tristes,
pedir ayuda...

¡Ya lo creo que a Dios le gusta sorprender!


Al fin, el amor no es sino la capacidad cotidiana de dar sorpresas:
Cuando no hay sorpresas,
el amor corre grave peligro de apagarse.

Al Señor le encanta sorprendernos.
No para cazarnos,
sino para reavivar nuestra fe vacilante,
para despertar nuestra esperanza,
para disfrutar de nuestro asombro.

No lo olvides:
a Dios le encanta sorprender.
Si te pones a su alcance.
Si te dejas sorprender.
Si, de hecho, ya andas sorprendido por las mil y una sorpresas
que te asaltan en tu vivir cotidiano...


Seguro: ¡Dios está cerca!

Tomado de "Dios es mi prioridad"

miércoles, 7 de abril de 2010

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

La resurrección de Jesús es para nosotros la razón última, y la fuerza diaria de nuestra esperanza, lo que nos alienta a trabajar por un mundo más humano.

En Jesús resucitado descubrimos la intención profunda de Dios confirmada para siempre:
una vida plenamente feliz para la creación entera, una vida liberada para siempre del mal.

La vida vivida desde la Fuente.

José Antonio Pagola
"Jesús, aproximación histórica"

martes, 23 de marzo de 2010

NUESTRO SEÑOR A STA. ANGELA DE FOLIGNO (1)

Hija mía, los atentados que has cometido en tu ornato, dando a tus mejillas color contra la naturaleza y ensortijando artificialmente tus cabellos; toda la vanagloria con que te mostraste a los hombres ofendiendo a Dios; todo eso yo lo expié. Por todas aquellas pinturas y pomadas que deshonraron tu cabeza, la mía fue mesada en la barba, arrancados sus cabellos y taladrada de espinas, golpeda con la caña, ensangrentada, mofada, despreciada hasta la coronación.

Tú te pintabas las mejillas para mostrarlas a hombres infelices y mendigar sus favores. Tranquilízate. Mi faz se cubrió de las salivas de esos miserables; fue deformada e hinchada por las bofetadas.  Tú te valiste de los ojos para mirar lo que daña, para alegrarte ofendiendo a Dios. Los míos fueron velados, anegados en mis lágrimas primero y luego en mi sangre. La sangre que me corría de la cabeza los cegaba.

Por los pecados de tus oídos que escucharon lo inútil y malo, yo oí las falsas acusaciones, los insultos, las maldiciones, las burlas, las risotadas, la sentencia de muerte dictada por el inicuo juez... y el llanto de mi Madre.

Tú has conocido los placeres de la gula y has abusado de la bebida. Yo tuve la boca seca por la sed, el hambre y el ayuno. Me dieron hiel y vinagre.

Tú has murmurado y calumniado; te has burlado, has blasfemado, has mentido hasta el perjurio...Has hecho otras cosas... Yo callé ante los jueces y los testigos falsos y no abrí los labios para disculparme.  Tu olfato no está puro; te acuerdas de ciertos deleites originados en ciertos perfumes... Yo sentí el hedor infecto de los salivazos. Tu cuello se agitó por los movimientos de la ira, de la concuspicencia y de la soberbia... El mío fue golpeado y acardenalado por los látigos. Por los pecados de tus espaldas, las mías llevaron la Cruz. Por los pecados de tu manos y de tus brazos que hicieron lo que bien sabes, mis manos fueron taladradas con gruesos clavos y fijas en el madero. Por el pecado de tu corazón, el mío fue abierto por la lanzada.

Por los pecados de tus pies, por los bailes inútiles, por el andar lascivo, por el correr vano...los míos, que podían contentarse con haberlos atado, fueron taladrados y enclavados en la Cruz. En vez de tus zapatos abiertos, elegantemente fabricados, mis pies estuvieron cubiertos de sangre.

Por los pecados de todo tu cuerpo..., yo fui enclavado en la Cruz, horriblemente azotado.  Para pagar tus vanos vestidos... yo fui expuesto desnudo a los ojos de todos.

No encontrarás ni pecado ni enfermedad del alma de que yo no haya sufrido la pena y ofrecido el remedio. 

(1) 1248 -1309 Terciaria franciscana, mística.

martes, 16 de febrero de 2010

ALGO PARA PENSAR EN ESTA CUARESMA (y siempre)

Hay una manera santa de tener siempre a la vista los pecados propios, la manera como los tenía Santa Teresa; recuerden aquel párrafo final, tan hermoso, del libro de su Vida, en que  pide al Señor  "no permita se pierda esta alma que con tantos artificios y maneras ha sacado Su Majestad del infierno y traído a sí".  Este modo de recordar los pecados, que es el de todos los santos, hace brotar en el alma gratitud, humildad y otras muchas virtudes; pero hay una segunda manera de tener los pecados delante de los ojos, y ésta es dañosa: anclarse en sus pecados sin levantar anclas jamás. Hay muchas almas ancladas aquí, que no dan un paso en el camino de su santificación; son almas rateras, como decía Santa Teresa. Con pretexto de arrepentirse más, se entretienen en revolver los pecados de su vida pasada para confesarlos una y otra vez (cosa que yo no les aconsejo hagan), y se agitan con que si les falta o no algo a sus confesiones, llegando a dudar prácticamente de la misericordia de Dios, que conoce tan bien nuestra miseria, cuando podrían ganarse esa misericordia en un momento si se fiasen de ella, obligando amorosamente al Señor a ocuparse de suplir las propias deficiencias.  A estas tales almas no les queda tiempo para emplearlo en otra cosa mucho más importante que se refiere a la pureza de corazón, y con tanto remirar los pecados de la vida pasada se descuidan en combatir la de la vida presente.
A los pecados cometidos hace tiempo y confesados de buena voluntad, basta tener una idea general para arrepentirse en conjunto; en cambio, los pecados que nos envuelven en estos momentos, sí que nos han de preocupar; hay que procurar desenredarse de ellos lo más posible, ya que, como saben, los veniales, que por misericordia de Dios suelen ser los que tratamos, nunca nos veremos libres del todo hasta la muerte.  Es una de nuestras grandes miserias, y hemos de fijarnos, sobre todo, no en sus manifestaciones exteriores (como, por ejemplo, en el número de caídas) sino en las raíces de estos pecados, en las malas pasiones que anidan en el corazón.  Para examinarme de que he faltado diez veces con el pensamiento, de que he contestado cinco con impaciencia, no me hacen falta Ejercicios Espirituales, la meditación de los pecados son para examinar el estado de mi corazón delante de Dios, cuáles son las malas tendencias que me impiden dárselo por entero y de qué modo y en que grado las fomento yo, y para resolverme eficazmente a desarraigarlas de una vez.
Personas fervorosas hay muchas, pero hay muy pocas que maduren y lleguen a dar verdadero fruto de santidad. Hay que ajustar el corazón al  patrón de Cristo, y el patrón es éste: que yo sea humilde, que me tenga por el último de todos y siempre crea que me tratan demasiado bien.  Plantar la cruz de Cristo en el corazón, y anidar allí en ella, y no desear bajar de ella jamás; esta es la verdadera conversión que nos hace falta.
Pidamos luz, y como el publicano de la parábola, pidamos misericordia, para que Dios nos haga  la gracia de descubrir y arrancar estas malas raíces y pueda levantarnos así, pues ya saben que dijo: El que se exalte será humillado y el que se humille será ensalzado (Lc 14.11)

Ejercicios Espirituales III - Ejercicios en Batuecas (1942)
P. Alfonso Torres, S.I.

viernes, 12 de febrero de 2010

LA PRIMERA LECCIÓN

Preguntaron a una madre cuál era el secreto para obtener que sus hijos fueran tan amados por los demás, y ella respondió:
-"Mi primera lección es enseñarles a sonreír".
Y resumía así los consejos que ella da a sus hijos:
-Sonríe, sonríe, hasta que notes que tu continua seriedad o tu severidad habitual hayan desaparecido.
-Sonríe, hasta que logres que el calor de tu rostro alegre, caliente tu corazón que tiende a ser frío.
Recuerda que tu sonrisa tiene un trabajo que hacer:
Ganar amigos para ti, y almas para Dios.
Puedes ser apóstol con sólo sonreír.
Sonríe a los rostros solitarios.
Sonríe a los rostros enfermos.
Sonríe a los rostros arrugados de los ancianos.
Sonríe a los rostros sucios de los pordioseros.
Deja que en tu familia todos gocen de la belleza y de la inspiración que provienen de tu rostro sonriente.
Cuenta, si tú quieres, el número de sonrisas que la tuya haya despertado en otros durante el día.
Ese número representa cuántas veces tú has fomentado la felicidad, la alegría, el ánimo y la confianza en otros corazones.
La influencia de la sonrisa se extenderá hasta donde tú ni siquiera alcanzas a sospechar.
Tu sonrisa te abre muchas puertas, allana las dificultades y hasta puede obtenerte excepcionales favores.
Puede ser un comienzo de conversión a la Fe.
Puede ganarte un sin número de verdaderos amigos.
Y sonríe también a Dios: aceptando lo que él quiere que te suceda, porque ya sabes que todo redunda en bien de los que aman al Señor.

Sufrir con amor es delicioso, pero sonreír en el sufrimiento es el arte supremo del amor.
Sonreír en el sufrimiento es cubrir con pétalos vistosos y perfumados las espinas de la vida, para que los demás sólo vean lo que agrada, y Dios, que ve en lo profundo, anote lo que nos va a recompensar.

P. Eliecer Salesman ( Sacerdote saleciano)

domingo, 17 de enero de 2010

EL BUEN VINO


¿Qué puedo yo llevar al Señor?
Como los servidores de Caná, sólo agua, nada más que agua.  Sin embargo, Él quiere toda y precisamente aquélla.
Y cuado las seis tinajas de piedra de mi humanidad sean ofrecidas a Él llenas de pobreza, colmadas de mi humanidad, de la que bien poco tengo que gloriarme, será Él quien convierta esta simple agua en el mejor de los vinos.
Él, el maestro experto en banquetes, que alegra a los pobres.
Un Dios que está de parte del vino, de la fiesta, un Dios feliz que da el placer de existir y de creer.
Yo creo en Dios porque es el Dios de Caná.
Dios feliz que desea la felicidad de sus hijos.

Ermes Ronchi

domingo, 27 de diciembre de 2009

DE COMO HAS DE SER SORDO Y MUDO



La siguiente palabra de esta letra te aconseja que seas espiritualmente sordo, ca porque oyó el primer hombre, según dice el Señor, la voz de su mujer, le vinieron muchos daños.
Nuestra mujer es nuestra sensualidad, a la cual en ninguna manera debe oírla ni entender la razón; y no contradice a esto ser mandado a Abrahán que oiga la voz de Sara; porque aquello fue después que
cesaron en ella, según dice la Escritura, las cosas de mujeres (Gen 21,7); que entonces cesan en nuestra sensualidad cuando está bien sujeta a la razón; y lo que dice cuando está puesta en razón, es que
echemos fuera la esclava y su hijo, desechando la imaginación y el distraimiento que de ello nace, para que así nos quedemos solos sin ruido de voces que atruenan nuestra ánima, como molino que nunca cesa de hacer estruendo dañoso al que mora en él; lo cual debe faltar en la casa de Dios cuando se edifica, donde no se ha de oír martillo, ni sierra, ni cosa de hierro, porque todos estos sonidos son roncos y no aplacen al ánima, antes le hacen mucho sinsabor (1 Re6,7).


La tercera palabra dice que también seamos mudos en lo interior, no hablando palabra alguna, ni aun muy sutil, según lo aconseja la madre de Samuel (1 Sam 2,3); pues que el Señor es Dios de las ciencias, y quiere más que oren a Él callando y en espíritu y verdad que no con palabras mientras con mayor silencio le ruegan, más oye y mejor concede lo que le demandan, como parece en Moisés, al cual, aunque callaba, porque oraba en silencio, respondió como hombre importunado, diciendo (Ex 14,15): ¿Para qué me estás dando voces? Y que el Señor conceda presto a los que callan delante de Él lo que ellos desean, parece también en Zacarías, que estando mudo engendró a San Juan, que quiere decir gracia, y no habló hasta que nació, y después habló muy mejor que antes, pues quedó hecho tan glorioso profeta (Lc 1,64).


Si queremos engendrar en nuestras ánimas la gracia del  Señor mediante su favor, y saber gloriosamente hablar de las cosas celestiales, primero, como dice Gersón, hemos de ser mudos, aún en lo interior del corazón, según aquello de Jeremías (Lam 3,25):


Bueno es el Señor a los que esperan en el ánima que lo busca. Y para nos enseñar cómo lo hemos de buscar, dice luego: Buena cosa es esperar con silencio la salud de Dios."

(Del Tercer Abecedario, de Fco de Osuna -1492-)

lunes, 21 de diciembre de 2009

ABRIR LAS MANOS ANTE DIOS


Rezar significa abrir las manos ante Dios. Implica relajar lentamente la tensión que oprime tus manos juntas y aceptar tu existencia con una predisposición cada vez más favorable, no como una posesión que hay que defender, sino como un don que hay que recibir.

Ante todo, la oración es un estilo de vida que te permite encontrar una tranquilidad en medio del mundo, en la cual abres tus manos a las promesas de Dios y encuentras esperanzas para ti, para tu prójimo y para tu mundo.

En la oración, encuentras a Dios no sólo en la suave voz y en la suave brisa, sino también en medio de la agitación del mundo, en la congoja y en el júbilo de tu prójimo, y en la soledad de tu propio corazón.

Finalmente, una vida de oración es una vida con las manos abiertas, en la cual no nos avergonzamos de nuestra debilidad, sino que nos damos cuenta de que para nosotros es mejor ser guiados por el Otro que conservar todo en nuestras propias manos.

Henri Nouwen

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Humildad (Lc 1,26-38)


María: veo en Ella la humildad. A pesar de ser la Madre de Dios, sabe y reconoce que todo es obra de Él; Ella sólo es su pequeño instrumento.

Y al contemplarla parece que Dios me dijera:

"Observa los sentimientos y actitud de María y luego compara cuántas veces, por huecas y transitorias situaciones humanas, te creíste por encima de algo o de alguien."

Y entonces le ruego:

"Padre mío, concédeme la gracia de ver todo con la mirada de María, para ser siempre mínima en el rol que me toque servirte y mi único deseo sea ser siempre tu hija pequeña."

Anawin de Jesús

Interiorización del salmo 120

Levanto mis ojos al monte
¡está tan alta la cima!
avanzo destrozando mis rodillas,
resbalando hacia abajo,
y me pregunto:
¿de dónde me vendrá el auxilio
si no es de Ti, mi Señor?
Tú, mi Señor, que no duermes.
Tú, mi guardián fidelísimo,
siempre vas a mi derecha
para que nada me dañe.
Siempre me cobijo a tu sombra,
de noche como de día,
porque nunca me abandonas.
Como a una niña me cuidas.
Anawin de Jesús

viernes, 4 de septiembre de 2009

Entonces les dijo:





"Síganme y yo los haré pescadores de hombres", inmediatamente ellos dejaron las redes y los siguieron. (Mt. 4, 19-20)





Señor: ¿cómo habrá sido tu mirada? ¿cómo el tinte de tu voz?
¿Cuántas promesas de futuros dulzores en el sonido de tus palabras?
¿Cuántos maravillosos cielos dibujados en tus pupilas, aprisionados por tus divinas pestañas?
¿Qué impensable Reino, hecho de oros finísimos y de madreperlas nunca imaginadas, se entreveían en tu sonrisa?
Y a esos hombres rudos, acostumbrados al viento y al mar, se les llenó de música la vida, una música que provenía de los cielos directo a sus almas. Y se fueron contigo como se van los niños detrás de sus ensueños.
Señor ¿qué fuerza tiene tu "Sígueme" que hace que el corazón se estremezca y saliendo de sí mismo, corra sediento al oasis de tu amor?
Cuando pasaste, Amado, junto a mi barquita que iba a la deriva, escuché "Sígueme" y entonces encontré el rumbo y enfilé hacia el seguro puerto de tu Sagrado Corazón.
Aunque tarde mucho en llegar, porque llevo mucho lastre que trato, a veces infructuosamente, de arrojar como a las redes Pedro, sé que he de llegar porque Tú eres mi timonel, mi brújula.
Tú mis estrellas que me guían, Tú el faro de mi noche oscura.
Y entonces, cuando llegue...¡ah, cuando llegue!...sabré de tus dulzores, de los cielos en tus pupilas, de tu Reino de oro y perlas, porque por fin descansaré en tus riberas.


Anawin de Jesús