jueves, 8 de julio de 2010
POBREZA EVANGÉLICA
No tener nada.
No llevar nada
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.
Solamente el Evangelio como una faca afilada.
Y el llanto y la risa en la mirada.
Y la mano extendida y apretada.
Y la vida, a caballo, dada.
Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,
para testigos de la Revolución ya estallada.
¡Y “mais nada”!
Pedro Casaldáliga
martes, 6 de julio de 2010
SI ALGUNO ME AMA ...
SI ALGUNO ME AMA... guardará mi palabra y mi padre le amará y vendremos a él y en él haremos morada. (Jn 14,23)
Son estas palabras de Jesús, una invitación a la interioridad, una invitación a entrar dentro de la casa.
El hombre es una casa, pero es una casa que no está deshabitada, es una casa que está habitada.
Los cristianos confesamos esto muchas veces, cuando llega la hora de la comunión, confesamos diciendo que somos casa y le decimos a Dios que no somos dignos de que entre en nuestra casa.
Ten en cuenta esto, tú eres una casa, pero una casa que está habitada, una casa que está llena de vida, una casa que está inundada de una presencia. No se sabe porqué y el caso es que cuando una casa está deshabitada es una casa que... pronto se deteriora, pronto se derrumba.
Está bien en advertir que somos una casa y una casa habitada.
El silencio es para entrar dentro de esta casa, el silencio es para tomar conciencia de esta casa, uno puede estar eternamente asomado a la ventana sin enterarse de lo que hay en la casa, uno puede estar eternamente en el exterior sin darse cuenta de que en su corazón, en las capas más profundas de su ser existe una vida y existe una presencia.
Una de las primeras revelaciones del silencio, es el advertir que uno no está sólo, es el darse cuenta de que está lleno de otro, es el darse cuenta de que en nosotros existe otro, de que en nosotros está Él, de que en nosotros está Dios, en definitiva.
lunes, 5 de julio de 2010
24 HORAS EN LA VIDA DEL CARMELO DESCALZO
El prior del Carmen, Francisco Víctor López, describe cómo es cada jornada en el convento gaditano, que transcurre entre la labor cotidiana de una parroquia con la propia de una comunidad de religiosos.
El prior de la orden, Francisco Víctor López, explica cómo es la actividad dentro y fuera de la comunidad. A lo largo del día comparten los cinco religiosos que conforman la casa de Cádiz tres actos de oración en una capilla situada en la segunda planta del convento. Meditación y laudes a las siete de la mañana, la hora intermedia a las dos y cuarto de la tarde y las vísperas y completas a las ocho.
Antiguamente, estas convocatorias siempre se hacían mediante avisos de campana en el interior del convento. Hoy en día, los relojes han reducido el uso de la campana, pero el prior comenta que se sigue utilizando "algunas veces, principalmente al mediodía y para las reuniones de comunidad que son especiales".
Además, también se reúnen en los momentos del almuerzo y de la cena y en los posteriores minutos de recreo -como los denomina Francisco Víctor López- "para leer el periódico, escuchar noticias o comentar algunas cosas". Esto se hace en un salón comunitario que hay en la casa, en la primera planta, donde también se ve la televisión. "Informativos y deportes gustan más que películas y series, que no solemos ver ninguna", comenta Francisco Víctor López.
El desayuno sí se hace manera informal en la cocina del convento en el momento en que cada uno pueda. "No es obligación de hacerlo todos juntos", explica el prior.
El resto del día, cada uno atiende las obligaciones que le son encomendadas y entre las que también se encuentran el cuidado y la atención de aquellos frailes que estén mayores o con problemas de salud. "Hay que cuidar los tres campos: las necesidades de la feligresía, la casa que es muy grande y requiere atención y dedicación, y los hermanos que por edad y condiciones necesitan de la presencia de unos y otros".
Por la mañana, estas dedicaciones abarcan desde finalizada la misa de nueve de la mañana (en la capilla de Porta Coeli) hasta las diez y cuarto de la tarde, cuando se reúnen de nuevo en la capilla para el rezo de la hora intermedia y el posterior almuerzo y recreo. Y por la tarde, la atención parroquial abarca desde las cuatro y media hasta las siete, cuando comienzan los cultos previos a la eucaristía diaria. "Y la jornada se cierra con un canto a la Virgen, la cena y el recreo", que dice Francisco Víctor que no se alarga mucho porque los carmelitas "solemos acostarnos temprano porque también nos levantamos tempranos. Ni somos rondadores ni buenos rondadores", comenta irónicamente.
La vida de un carmelita se basa en la actividad pastoral normal de cualquier sacerdote y en la comunitaria propia de la orden. Y, precisamente, esa convivencia es un pilar para los carmelitas. Lo cual no quiere decir que sea fácil. "El hermano siempre es una gracia. Pero al tener caracteres distintos uno tiene que sufrir, y en ciertos casos tiene que pasarlas canutas", confiesa el prior, que añade que los religiosos están mentalizados en la convivencia desde que toman los hábitos. "Nos dicen "qué pides hermano"; y contestamos "la misericordia de Dios, la pobreza de la orden y la compañía de los hermanos".
Esto último es importantísimo, porque en el servicio de la convivencia es donde está el gran trabajo de fraile. Como ocurre en el matrimonio, creo yo".
"El Carmelo ofrece siempre, las 24 horas del día, para ser y pertenecer al Señor sin límites", concluye el prior. Y así transcurre cada día en el Carmen.Ver más
PABLO-MANUEL DURIO
Diario de Cádiz
En la foto fray Francisco Víctor (Fray Paco)
domingo, 4 de julio de 2010
TESTAMENTO DEL PÁJARO SOLITARIO
Y entonces vio la luz. La luz que entraba por todas
las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huída
y entendió que la muerte ya no estaba.
Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntas y hallar,
dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura.
(JL Martín Descalzo).
lunes, 28 de junio de 2010
SEÑOR ¿QUÉ QUIERES DE MI?

Mi primera hora de la mañana le pertenece al Señor. Hoy quiero ocuparme de las obras que el Señor quiere encomendarme y Él me dará las fuerzas para realizarlas. De esa manera quiero subir al Altar del Señor. Aquí no está en juego mi propia persona o mis cuestiones personales, pequeñas y sin importancia, aquí se trata de la gran ofrenda expiatoria. Yo puedo participar de ella para purificarme y llenarme de alegría y para ofrecerme en el altar con todas mis obras y mis sufrimientos. Y cuando recibo luego al Señor en la comunión puedo preguntarle: Señor ¿qué quieres de mí? En ese momento me decido a realizar aquello que, después de un diálogo silencioso con Dios, considero que es mi próxima empresa"
Santa Teresa Benedicta de la Cruz
Los caminos del silencio interior
jueves, 3 de junio de 2010
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