"Viene el príncipe de este mundo, y en mi no encuentra nada que le pertenezca" dice Jesús a sus apóstoles.
¿Qué significan estas palabras? Ya sabemos que satanás es el príncipe de este mundo, vamos a ver que significan estas palabras del Señor: " en mí no encuentra nada."
¿Que cosas puedes haber en un alma que pertenezcan a satanás? Lo primero es el pecado.
Pero...¿no hay nada más que pueda encontrar? En un sentido general podemos decir que hay otras cosas que le pertenecen. Y es lo que nosotros llamamos "apegos" de las almas.
Se trata de aficiones desordenadas, de pasioncillas inmortificadas de cualquier clase que sean. Ora sean temores, deseos, gustos, repugnancias, miedos interiores o exteriores, ora sean hilillos que impiden al alma volar libremente hacia Dios. ¿Porqué sucede así? Por una razón muy sencilla: mientras haya en el alma uno de esos deseos, uno de esos apegos, satanás tiene un asidero por donde cogernos. Las pasiones desordenadas son sus cómplices para arrastrar al alma. A veces valiéndose de un apego, de una pasioncilla, llega hasta su fin, hasta el pecado mortal, pues poco a poco ha ido haciendo caer al alma hasta apoderarse de ella. Otras veces limita su acción, porque no puede hacerla caer en pecado; pero entonces va impidiendo que el alma se perfeccione y se santifique, que mejore en las virtudes, en la generosidad con Dios, en el amor de Dios, y que este amor vaya siendo cada vez más perfecto.
Satanás no encontró en Nuestro Señor nada, porque no había en Él pecado ni sombra de pecado, ni la más pequeña afición desordenada, ni el más pequeño apego de corazón que le impidiera el cumplimiento de la voluntad divina.
No llegaremos a la perfección de Cristo, pero podemos imitarle. Con un constante velar sobre las pasiones y su mortificación podemos lograr que se conviertan en victoria, con la gracia de Dios, y que satanás no consiga en nuestros corazones asidero.
De "Ejercicios espirituales a las Carmelitas Descalzas en el Cerro de los Ángeles (1940)"
por el padre Alfonso Torres, S.I.