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domingo, 21 de noviembre de 2010

EL MEJOR SERMÓN DEL DÍA



Una mañana de domingo un joven pastorcito estaba mirando a sus ovejas.
Al oír las campanas de la iglesia y ver a la gente caminando por el camino cercano a donde arriaba a sus ovejas, comenzó a pensar que a él también le gustaría comunicarse con Dios.


¿Pero qué puedo decir? pensó.Nunca aprendí ninguna oración. Entonces de rodillas, comenzó a recitar el abecedario: A,B,C, y así hasta llegar a la Z, repitiendo su oración bastantes veces.


Un hombre que pasaba por ahí escuchó la voz de un niño, y al mirar por entre los arbustos vio al jovencito arrodillado, con las manos unidas y los ojos cerrados, diciendo:-J,K,L,M...


-Qué haces, pequeño amigo? -le preguntó al muchacho interrumpiéndole.


-Estaba orando, señor -respondió el niño.-



¿Pero por qué estás recitando el alfabeto? -le dijo el hombre sorprendido

- No sé ninguna oración, señor. Pero quiero que Dios cuide de mí y me ayude a cuidar de mis ovejas. Así que creí que si decía todo lo que sabía, él podría juntar las letras para formar las palabras que quiero y debería decir.

-Dios bendiga tu corazón. Tienes razón. ¡Dios lo hará! -le deseó el hombre sonriendo feliz.


Y se fue 
a la iglesia, sabiendo que ya había escuchado el mejor sermón que pudiese escuchar ese día.


Cada niño trae al mundo el mensaje de que Dios no está aún decepcionado del hombre.
Salmo 8:4,5 ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y honra.


lunes, 4 de enero de 2010

TRATO DE AMISTAD CON DIOS

Debido a que cada hombre es distinto en su ser, en su sentir y en su actuar, el "trato de amistad" va adquiriendo en cada persona novedades y matices originales dentro del más diverso y admirable abanico: según los estados de ánimo, diferencia de edades, ritmos de creciminetos, disposiciones psicosomáticas, humor...
No sólo la oración de cada persona será esencialmente diferenciada, sino que la oración de una misma persona puede ir variando de una época a otra, de un tiempo a otro, incluso de un día para otro. Una será oración de tipo intelectual, otra la oración de un tipo afectivo.
La relación de cada persona con su mundo circundante es diferente. La manera de enfrentar y afrontar el mundo que lo rodea o las personas con quienes trata es diferente en un niño, en un adolescente, en un varón, en una mujer, en un anciano. El encuentro con su mundo circundante es diferente para un áudaz y para un tímido, para un impaciente o para un sosegado. De la misma manera va cambiando el encuentro con Dios.

La madurez no depende de la edad cronológica: un golpe fuerte puede hacer madurar en un instante más que cinco años de vida. La posibilidad de concebir pensamientos más profundos, la estabilidad emocional, la capacidad de decisión y perseverancia dependen de causas desconocidas para nosotros. Todos estos factores influyen decisivamente en la calidad y en la profundidad de la oración.

El fervor juvenil les parece a algunos adultos un puro sentimentalismo. Otros consideran aquel fervor -muerto ya- como la pérdida irreparable de un bello tesoro y lo echan de menos.



El encuentro con Dios, como parte integrante de la vida, irá adaptándose a las disposiciones cambiantes de
la persona.  Como tratar con alguien es vivir, y vivir es adaptarse, el trato de amistad con Dios irá adaptán
dose con dinamismo y flexibilidad a cada persona y sus circunstancias, utilizando alternadamente los medios u obstáculos, entusiamo o aridez, inteligencia o imaginación, la devoción o la fe árida, originando formas nuevas y modalidades inesperadas en cada alma.

El "trato de amistad" puede tener diferentes características:

"Según los temperamentos hasta según los diversos momentos será triste o gozoso, tierno o insensible, silencioso o expansivo, activo o impotente, oración vocal o recogimiento apacible, meditación o simplemente mirada, oración afectiva o impotencia solorosa, elevación de espíritu u opresión de angustia, entusiasmo sublime en medio de la luz o suave abatimiento en la humildad profunda." (P. fray Eugenio del Niño Jesús, ocd)

Ignacio Larrañaga